Sacramento de la Eucaristía

 

 

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Coordina:

Juan Antonio Sánchez aa (Párroco) y el clero parroquial   VER

 

Colaboran:

Seglares de distintos grupos.

 

 

Horarios de misas

  • EUCARISTÍAS DE DIARIO

    9:30 h.     12:30 h.   y    19:00 h.

  • EUCARISTÍAS VÍSPERA FIESTA Y SÁBADOS

    9:30 h.     12:30 h.   y    19:30 h.

  • EUCARISTÍAS DOMINGOS Y FIESTAS

    10:00 h.    11:30 h.   13:00    y    19:30 h.

 

 

Horario de Verano

  • Lunes a sábado:

    9:30  h.  y  20:00 h.

  • Domingo y festivos:

    10:00 h. 12:00 h. y 20:00 h.

 

 

EUCARISTÍA

 

¿QUÉ ES LA EUCARISTÍA? PRESENCIA DE  CRISTO.

 

LA MISA O EUCARISTÍA

 

CELEBRACIÓN DE LA EUCARISTÍA Y SUS PARTES

 

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 EUCARISTÍA

“Jesús dijo: Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que come de este pan, vivirá siempre. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, vive en mí y yo vivo en él.” Jn 6,51.54.56

La Eucaristía es uno de los tres sacramentos de la Iniciación Cristiana, pero tiene una resonancia e implicación especial, en el Concilio Vaticano II se dice que es “centro y culmen de la vida cristiana”.

El pueblo de la Antigua Alianza celebraba anualmente su liberación de la esclavitud de Egipto en la cena pascual. Era una fiesta importante. En ella, el más pequeño de la casa preguntaba al anciano de cada familia el porqué de la celebración. Y éste narraba con detalle las hazañas que Dios había hecho para salvarlos de la esclavitud. Entonces, todos rebosantes de alegría y agradecimiento, alababan al Señor.

El Nuevo Testamento relata que, en esa cena, Jesús partió el pan y lo dio a los Apóstoles diciendo: “Esto es mi cuerpo, que será entregado por vosotros”. Con esas palabras quería decir: Esto que os doy, soy Yo mismo, entregado a la muerte por vosotros. Me entrego como el Pan que alimenta la vida de la nueva comunidad que inauguro con vosotros.

Al pasarles una copa llena de vino, Jesús les dijo: “Este es el cáliz de mi sangre”. Queriendo decir: Esta sangre derramada, es mi vida entregada para el perdón de los pecados. Mi sangre confirma, desde ahora y para siempre, la alianza que Dios, mi Padre, hace con todos los hombres para que entren en comunión con Él y se congreguen en el nuevo Pueblo de Dios.

Después de cenar, dijo: “Haced esto en conmemoración mía”. La Iglesia cumpliendo este mandato, nunca ha dejado de celebrar la cena del Señor.

San Pablo escribe a los discípulos de Corinto que él ya había recibido una tradición que procedía del Señor, de celebrar la Cena del Señor como memorial de su sacrificio por todos:

“Yo he recibido una tradición que procede del Señor, y que a mi vez os he transmitido: Que el Señor Jesús, en la noche en que iba a ser entregado, tomó pan y, pronunciando la acción de gracias, lo partió y dijo: “Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía”. Lo mismo hizo con el cáliz, después de cenar, diciendo: “Este cáliz es la Nueva Alianza sellada con mi sangre., Haced esto, cada vez que lo bebáis, en memoria mía”. Por eso cada vez que comáis de este pan y bebáis del cáliz proclamáis la muerte del Señor hasta que vuelva”. (1 Cor 11, 23-26)

La Eucaristía culmina la Iniciación cristiana.

“Esto es mi Cuerpo que se entrega por vosotros… ésta es mi sangre que se derrama por vosotros”. Estas palabras anuncian claramente la ofrenda de su vida, para la salvación del mundo.

La Eucaristía hace sacramentalmente – y por tanto realmente – presente la obra de salvación llevada a cabo por la vida, la muerte y la resurrección de Jesús. Es el memorial de la Pascua de Cristo, no una nueva ofrenda de Cristo, sino la única y definitiva ofrenda hecha de nuevo presente en una acción de gracias y en la espera de la venida gloriosa de Jesús.

Es muy importante que los cristianos reunidos se hacen presentes en el acontecimiento de la Pascua y lo expresan en la aclamación: “Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección, ven Señor Jesús”.

La muerte de Jesús es expresión de su amor, del amor con el que nos ha amado de manera incondicional y hasta el extremo; y es también manifestación de la libertad y soberanía con que se entregó por nosotros. Cuando celebramos la Eucaristía nos situamos al abrigo de este Amor desde el que nos llama a cada uno personalmente por nuestro nombre. En la celebración del sacrificio de la cruz llegamos al convencimiento de que el amor de Cristo toca y transforma todo lo que en nosotros hay de opuesto y contradictorio. Reconocemos nuestra disposición para adoptar la actitud de entrega que Cristo tuvo antes que nosotros. De este modo estaremos expresando nuestra firme intención de amar a Dios y al prójimo, uniendo nuestra suerte a la de Jesucristo, y nuestro deseo de dejarnos transformar por él.

En el Antiguo Testamento, comer juntos en la misma mesa significaba participar de la misma bendición de Dios.

En tiempo de Jesús, la cena pascual recordaba que las casas señaladas con la sangre de los corderos fueron respetadas en Egipto y también la liberación de la esclavitud allí operada. Pero también anunciaba la salvación futura, de la cual es imagen la liberación de Egipto.

Comer con sus discípulos y con otras personas no fue para Jesús una cosa puramente repetitiva de un gesto simbólico, sino expresión de la salvación que Él traía.

La Eucaristía es a la vez e inseparablemente, memorial de la cruz y banquete sagrado de la comunión en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Comulgamos con su vida, su muerte y su resurrección. Tomamos parte de su ofrenda, ofreciéndole nuestra propia vida en unión con Él.

Somos aquello que recibimos: comulgar el Cuerpo de Cristo implica compromiso para construir la fraternidad y comunión eclesial. Tomamos parte en el Amor de Cristo que construye la Iglesia. La lectura de la Palabra de Dios precede a la liturgia eucarística. De esta forma los creyentes recibimos un doble alimento: en la mesa de la Palabra y en la de la Eucaristía.

 La Eucaristía es fuente y cima de toda la vida de la Iglesia. La Iglesia hace la Eucaristía y la Eucaristía hace la Iglesia.

 “La Iglesia recibe la fuerza espiritual necesaria para cumplir su misión perpetuando en la Eucaristía el sacrificio de la Cruz y comulgando el cuerpo y la sangre de Cristo. Así, la Eucaristía es la fuente y, al mismo tiempo, la cumbre de toda la evangelización, puesto que su objetivo es la comunión de los hombres con Cristo y, en Él con el Padre y con el Espíritu Santo.” (Juan Pablo II, Ecclesia de Eucharistía, n. 22)

 En la Eucaristía devolvemos nuestra vida a Dios, de quien la hemos recibido. Situamos nuestra vida en la esfera de Dios, a la que pertenece verdaderamente.

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¿QUÉ ES LA EUCARISTÍA? PRESENCIA DE CRISTO

La Eucaristía es la consagración del pan en el Cuerpo de Cristo y del vino en su Sangre que renueva mística y sacramentalmente el sacrificio de Jesucristo en la Cruz. La Eucaristía es Jesús real y personalmente presente en el pan y el vino que el sacerdote consagra. Por la fe creemos que la presencia de Jesús en la Hostia y el vino no es sólo simbólica sino real; esto se llama el misterio de la transubstanciación ya que lo que cambia es la sustancia del pan y del vino; los accidente—forma, color, sabor, etc.— permanecen iguales.

La institución de la Eucaristía, tuvo lugar durante la última cena pascual que celebró con sus discípulos y los cuatro relatos coinciden en lo esencial, en todos ellos la consagración del pan precede a la del cáliz; aunque debemos recordar, que en la realidad histórica, la celebración de la Eucaristía ( Fracción del Pan ) comenzó en la Iglesia primitiva antes de la redacción de los Evangelios.

Los signos esenciales del sacramento eucarístico son pan de trigo y vino de vid, sobre los cuales es invocada la bendición del Espíritu Santo y el presbítero pronuncia las palabras de la consagración dichas por Jesús en la última Cena: "Esto es mi Cuerpo entregado por vosotros... Este es el cáliz de mi Sangre..."

. Encuentro con Jesús amor

Necesariamente el encuentro con Cristo Eucaristía es una experiencia personal e íntima, y que supone el encuentro pleno de dos que se aman. Es por tanto imposible generalizar acerca de ellos. Porque sólo Dios conoce los corazones de los hombres. Sin embargo sí debemos traslucir en nuestra vida, la trascendencia del encuentro íntimo con el Amor. Resulta lógico pensar que quien recibe esta Gracia, está en mayor capacidad de amar y de servir al hermano y que además alimentado con el Pan de Vida debe estar más fortalecido para enfrentar las pruebas, para encarar el sufrimiento, para contagiar su fe y su esperanza. En fin para llevar a feliz término la misión, la vocación, que el Señor le otorgue.

Si apreciáramos de veras la Presencia real de Cristo en el sagrario, nunca lo encontraríamos solo, únicamente acompañado de la lámpara Eucarística encendida, el Señor hoy nos dice a todos y a cada uno, lo mismo que les dijo a los Apóstoles "Con ansias he deseado comer esta Pascua con vosotros " Lc.22,15. El Señor nos espera con ansias para dársenos como alimento; ¿somos conscientes de ello, de que el Señor nos espera el Sagrario, con la mesa celestial servida.? Y nosotros ¿ por qué lo dejamos esperando.? O es que acaso, ¿ cuando viene alguien de visita a nuestra casa, lo dejamos sólo en la sala y nos vamos a ocupar de nuestras cosas.?

Eso exactamente es lo que hacemos en nuestro apostolado, cuando nos llenamos de actividades y nos descuidamos en la oración delante del Señor, que nos espera en el Sagrario, preso porque nos "amó hasta el extremo" y resulta que, por quien se hizo el mundo y todo lo que contiene (nosotros incluidos) se encuentra allí, oculto a los ojos, pero increíblemente luminoso y poderoso para saciar todas nuestras necesidades.

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LA MISA O EUCARISTÍA

La Misa guarda una íntima relación con la última Cena, porque ésta fue la primera Misa celebrada por Cristo, las que siguen después son el cumplimiento de las palabras que entonces pronunció "Haced esto en memoria mía".

A la luz de la Revelación en la Escritura, y en el desarrollo de la Tradición, vemos y entendemos que el Señor tiene una intención clara en la última Cena, donde también queda instituido el sacramento del Orden (en virtud del requerimiento del mandato). Deja un mandamiento claro "haced esto en memoria mía", para que su presencia y su salvación lleguen a todos los hombres y en todas las épocas, para que podamos tener vida eterna, al comer su carne y beber su sangre.

El carácter de "memorial" que tiene la Misa, por definición, exige de los cristianos la actitud de introducirnos al misterio pascual tal y como es; no como recuerdo de algo que sucedió, sino asociándonos a una acción que sigue verificándose hoy. Por ello cuando celebramos la Sta. Misa, nos trasladamos, nos hacemos presentes en la Cena del Señor y estamos con María al pié de la Cruz. Estamos alimentándonos del Cuerpo y Sangre del Señor, estamos siendo salvados en virtud de su sacrificio. Estaremos participando de la unidad en comunión con el Señor y por ello podemos unir nuestros sacrificios y sufrimientos a los de Cristo. Sólo "por El ,con El y en El" tienen un profundo sentido y acceden a la dimensión redentora.

Asimismo, la Misa tiene un valor de impetración, es decir, nos consigue de Dios tales gracias que sólo el desconocimiento de lo que se puede alcanzar con la Misa explica el poco empeño que tantos católicos ponemos en no asistir a ella. En cuanto alabanza y acción de gracias tiene un valor infinito, pues tiene a Dios como referencia y ahí no hay límite para la acción de Cristo.

Puesto que en todo pecado hay culpa que merece una pena, la Misa, en lo que tiene de sacrificio que satisface por el pecado, afecta en su aplicación a la culpa y a la pena, a saber, expiando la culpa y satisfaciendo por la pena, pero no absolutamente, sino en la medida que lo permite la capacidad de recepción que existe. Su efecto depende de la disposición que tenga el fiel.

Cuando participamos de la Eucaristía experimentamos la espiritualización deificante del Espíritu Santo, que no sólo nos conforta con Cristo, sino que nos cristifica por entero, asociándonos a la plenitud de Cristo.

Mientras que el Sacramento Eucarístico sólo aprovecha a quien lo recibe, pues un alimento (y la Eucaristía lo es para el alma) sólo aprovecha a quien lo toma, la Misa es un sacrificio, una víctima que se ofrece a Dios, y que puede ofrecerse por otros para beneficio de otros.

Por último, la Misa no es un acto puramente personal del sacerdote o de cada fiel, sino eminentemente comunitario, pues es la Iglesia quien lo ofrece, y la Iglesia es un Cuerpo en el que todos sus miembros son solidarios, el cristiano que se beneficia de la Santa Misa no se debe beneficiar sólo para él, sino también para otros.

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CELEBRACIÓN DE LA EUCARISTÍA

Para saber aprovechar los grandes frutos espirituales que se nos dan a través de la Celebración Eucarística, hay que conocerla, entender sus gestos y símbolos y participar en ella con reverencia.

Aquí te ofrecemos una serie de recursos que pueden ayudarte...

 

RITOS INICIALES

Son ritos introductorios a la celebración y nos preparan para escuchar la palabra y celebrar la eucaristía.

Comprende: Entrada - Señal de la cruz - Saludo - Acto penitencial - Gloria - Oración colecta.

PROCESIÓN DE ENTRADA

Llegamos al templo y nos disponemos para celebrar el misterio más grande de nuestra fe. Acompañamos la procesión de entrada cantando con alegría. 

SALUDO INICIAL

Después de besar el altar y hacer la señal de la cruz, el sacerdote saluda a la asamblea. 

ACTO PENITENCIAL

Pedimos humildemente perdón al Señor por todas nuestras faltas. 

GLORIA

Alabamos a Dios, reconociendo su santidad, al mismo tiempo que nuestra necesidad de Él.

ORACIÓN / COLECTA

Es la oración que el sacerdote, en nombre de toda la asamblea, hace al Padre. En ella recoge todas las intenciones de la comunidad.

LITURGIA DE LA PALABRA

Escuchamos a Dios, que se nos da como alimento en su Palabra, y respondemos cantando, meditando y rezando.

Comprende: Primera Lectura - Salmo Responsorial - Segunda Lectura - Aleluya - Evangelio - Homilía - Credo - Oración universal.

PRIMERA LECTURA

En el Antiguo Testamento, Dios nos habla a través de la historia del pueblo de Israel y de sus profetas.

SALMO

Meditamos rezando o cantando un salmo.

SEGUNDA LECTURA

En el Nuevo Testamento, Dios nos habla a través de los apóstoles.

EVANGELIO

El canto del Aleluya nos dispone a escuchar la proclamación del misterio de Cristo. Al finalizar aclamamos diciendo: "Gloria a ti, Señor Jesús".

HOMILÍA

El celebrante nos explica la Palabra de Dios.

CREDO

Después de escuchar la Palabra de Dios, confesamos nuestra fe.

ORACIÓN DE LOS FIELES

Rezamos unos por otros pidiendo por las necesidades de todos.

LITURGIA DE LA EUCARISTÍA I

Tiene tres partes: Rito de las ofrendas, Gran Plegaria Eucarística (es el núcleo de toda la celebración, es una plegaria de acción de gracias en la que actualizamos la muerte y resurrección de Jesús) y Rito de comunión.

 PRESENTACIÓN DE DONES

Presentamos el pan y el vino que se transformarán en el cuerpo y la sangre de Cristo. Realizamos la colecta en favor de toda la Iglesia. Oramos sobre las ofrendas.

 PREFACIO

Es una oración de acción de gracias y alabanza a Dios, al tres veces santo.

EPÍCLESIS

El celebrante extiende sus manos sobre el pan y el vino e invoca al Espíritu Santo, para que por su acción los transforme en el cuerpo y la sangre de Jesús.

CONSAGRACIÓN

El sacerdote hace "memoria" de la última cena, pronunciando las mismas palabras de Jesús. El pan y el vino se transforman en el cuerpo y en la sangre de Jesús.

 ACLAMACIÓN

Aclamamos el misterio central de nuestra fe.

 INTERCESIÓN

Ofrecemos este sacrificio de Jesús en comunión con toda la Iglesia. Pedimos por el Papa, por los obispos, por todos los difuntos y por todos nosotros.

DOXOLOGÍA

El sacerdote ofrece al Padre el cuerpo y la sangre de Jesús, por Cristo, con él y en él, en la unidad del Espíritu Santo. Todos respondemos: "Amén".

 PADRE NUESTRO

Preparándonos para comulgar, rezamos al Padre como Jesús nos enseñó.

 COMUNIÓN

Llenos de alegría nos acercamos a recibir a Jesús, pan de vida. Antes de comulgar hacemos un acto de humildad y de fe.

ORACIÓN

Damos gracias a Jesús por haberlo recibido, y le pedimos que nos ayude a vivir en comunión.

RITOS DE DESPEDIDA

Son ritos que concluyen la celebración.

BENDICIÓN

Recibimos la bendición del sacerdote.

DESPEDIDA Y ENVÍO

Alimentados con el pan de la Palabra y de la Eucaristía, volvemos a nuestras actividades, a vivir lo que celebramos, llevando a Jesús en nuestros corazones.

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