Saludo del párroco  05 de mayo de 2018 

Queridos amigos:

A mediados de abril tuvo lugar la misa-funeral por una persona muy especial. Un señor, que había servido durante más de 30 años como conserje en un portal de la calle Pez Austral. En vida, sencillamente, todos le conocíamos como Juan. ¡Qué puede resultar más corriente, y de la masa, que llamarse Juan, y ser un humilde portero! Sin embargo su persona representa a la perfección lo que nos cuenta el Papa en su última Exhortación: la santidad “de la puerta de al lado”, de aquellos que viven cerca de nosotros y son un reflejo de la presencia de Dios… Juan, fue esposo fiel, padre de 3 hijos, a los que educó con mucho amor y a los que trasmitió su fe en Dios. Fuera de ahí no hay mucho más que contar, porque ya está dicho lo fundamental.

El Papa continúa: dejémonos estimular por los signos de santidad que el Señor nos presenta a través de los más humildes. Juan es un ejemplo de humildad, de esa que todos necesitamos para ser felices, porque nos ayuda a descubrir la alegría que Dios nos va dando en los acontecimientos “sencillos” de la vida. En un saludo de “buenos días”, en llevar las bolsas de la compra a una persona mayor, en interesarse por el vecino enfermo, en alegrarse con los padres que traen un nuevo hijo a casa, …, en tantas cosas cotidianas, pero esenciales para ser feliz.

Nuestros jóvenes y niños del grupo Scout 284 descubren esto ayudados de los juegos y aventuras, que hacen fuera de casa. Los niños de Primera Comunión lo podrán experimentar acercándose a partir de ahora, y siempre que quieran, a recibir al Señor en la Eucaristía. ¡Qué excelente medicina para no caer en la depresión! Tenemos mucho que agradecer a Dios.

En nuestra familia cristiana, tenemos “tesoros” escondidos que nos pueden orientar hacia la verdadera santidad. La que todos estamos llamados a buscar porque Cristo Resucitado nos ha tocado el corazón, y nos ha regalado su Espíritu Santo para vivir, no como esclavos de la norma, sino como hijos que claman ¡ABBA!, Padre. (Romanos 8, 15)

Que ese mismo Espíritu nos ayude a alegrarnos y regocijarnos continuamente, no porque seamos santos, sino porque Dios nos hace santos como El es Santo.

¡FELIZ FIESTA DEL ESPÍRITU!

                                 P. Juan Antonio Sánchez, a.a.